jueves, 5 de febrero de 2015

LEOPOLDO II: El genocida del Congo.

Hijo de Leopoldo I y de Luisa María de Orleans, nació en Bruselas, Bélgica, en el año 1835 y sucedió a su padre en 1865. Leopoldo fue un gran diplomático, capaz de que se respetase la neutralidad de Bélgica en la confrontación entre Bismarck y Napoleón III; logró en 1909 que se aprobara la ley del servicio militar obligatorio y se adelanto a la violación de la neutralidad por parte de los alemanes de Bélgica durante la Primera Guerra Mundial. Aunque en Europa era considerado un líder respetable y un gran aliado para algunos los crímenes que cometería en tierras extranjeras serían de una gravedad pocas veces vista en la historia. Como fundador y único propietario del Estado Libre del Congo, Leopoldo II, mató a casi 15 millones de congoleños.


Aunque el número de víctimas no está del todo claro, el rey Leopoldo fue el autor intelectual y responsable de la esclavitud y el asesinato de millones de personas. Estos morían a causa de la hambruna, la enfermedad o del maltrato y sobreesfuerzo que sufrieron a manos de las tropas de Leopoldo II. Desde 1885 a 1908 murieron en el Congo más personas que las que murieron en los campos de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial.


En 1885 Leopoldo compró a título personal una parte del Congo que tenía una extensión tan grande como Europa e irónicamente lo bautizó como Estado Libre del Congo. Por desgracia para los congoleños en el año 1887 John Boyd Dunlop, veterinario escocés, desarrolló el primer neumático con cámara de aire para el triciclo de su hijo y revolucionó el sector de la bicicleta y del automóvil. Leopoldo vio una gran oportunidad para hacer mucho dinero pues los neumáticos se fabricaban con caucho y este era un recurso muy rico en los territorios que había adquirido apenas un par de años atrás. Sin duda alguna el rey pidió prestamos al Estado belga y construyó una red ferroviaria y de carreteras a lo largo del río Congo, acto seguido obligó a trabajar a toda la sociedad congoleña para conseguir el máximo de beneficios posible.



Es aquí cuando comienza el reinado de terror de Leopoldo II de Bélgica en el Congo. Para obligar a trabajar a los congoleños, ordenó que sus mujeres y sus hijos fuesen raptados haciéndoles rehenes con los que chantajeaban a sus familias. Si no se cumplían las cuotas de producción o había algún comportamiento subversivo los hombres de Leopoldo cortaban las manos y los pies de sus familiares. Eran expertos en la tortura y la mutilación, entre muchas normas establecieron la costumbre de dar 50 latigazos a los recolectores antes de empezar a trabajar para mantener la disciplina en los campos de trabajo.



El genocidio del Congo Belga duró hasta 1907 y fue gracias a misioneros ingleses, quienes denunciaron la situación, que el Parlamento Belga presionó al monarca para que la soberanía del territorio pasara a ser de carácter nacional. "Como señal de gratitud por los grandes sacrificios realizados por él a favor del Congo" cobró 95 millones de Francos.



Leopoldo II de Bélgica nunca visitó el Estado Libre del Congo y murió de viejo el 17 de diciembre de 1909. Nunca fue llevado ante un tribunal ni rindió cuentas a nadie por los atroces crímenes genocidas que ideó y practicó en el Congo.




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